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Home Economía Economía Las políticas que se han derivado de las recomendaciones del Banco Mundial y el FMI han sido positivas o negativas para el desarrollo de África?

Las políticas que se han derivado de las recomendaciones del Banco Mundial y el FMI han sido positivas o negativas para el desarrollo de África?

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Logo Banco MundialHoward Stein hace un balance claramente negativo de las políticas del Banco Mundial y del FMI. Parte de un análisis de la organización interna de estas instituciones que favorecen en gran medida las posiciones de los donantes. Así, señala que el poder de decisión de las políticas de estos organismos está representado en el peso ponderado de su voto en las grandes decisiones. Esto hace que necesariamente se primen los intereses de los donantes, además de someter las aportaciones a las tendencias políticas en cada coyuntura. En concreto critica el excesivo poder acumulado por Estados Unidos que se garantiza un poder de veto a efectos prácticos, ya que toda decisión de importancia requiere el 85% de los votos, y Estados Unidos detenta precisamente el 15.5%, lo que a efectos prácticos le garantiza el veto.

Por otra parte, algunos mecanismos de financiación que se crearon estaban vinculados a la aprobación por el congreso de los estados unidos, haciendo así más vulnerable la ayuda a presiones de diferentes lobbies además de los propios intereses estratégicos.

 

 

Howard Stein hace un repaso pormenorizado de las diferentes etapas transcurridas tanto en el Banco Mundial como en e FMI. Distingue cierta disparidad de criterios que se mantiene hasta principios de los 80 cuando se produce la convergencia de criterios entre las dos instituciones, haciendo mayor hincapié en el elemento de la condicionalidad de la ayuda.

En lo que se refiere al Banco Mundial, dice Howard Stein, en un primer momento la ayuda estaba guiada por criterios puros de mercado, de rentabilidad, priorizando la inversión en infraestructuras, y por tanto ignorando áreas sociales como educación y salud. Aunque en los años 60 con la llegada del presidente Kennedy se abrió la posibilidad de utilizar la ayuda para promover cambios democráticos, esto no supuso un aumento de inversión en sectores sociales, sino en sectores considerados más arriesgados como la agricultura. Se impuso la vertiente economicista y conservadora.

En una segunda etapa (1968-1981) se aprecia la desigualdad existente entre crecimiento y pobreza y se opta por una estrategia de desarrollo contra la pobreza, en línea también con los movimientos sociales a favor de la reducción de la pobreza de los años 60. Sin embargo, estos planes fracasaron igualmente, y se concluyó que era debido a la incapacidad de los países receptores de llevar a cabo proyectos de desarrollo. Esto abonó el camino para que a principios de los 80 las recetas neoliberales de privatización y liberalización se impusieran con facilidad ante la ineficiencia y la incapacidad de los estados.

En relación al FMI, entiende Howard Stein que mantiene su posición neoliberal de forma más estable a lo largo del tiempo. A pesar de que su tarea estaba destinada a mantener los tipos de cambio estables, para facilitar el acceso a divisas de los países, se pasó muy pronto a condicionar los préstamos ante el “temor” de que el posible incumplimiento de las obligaciones de los estados receptores podía perjudicar a los donantes. Esta estrategia además se aplicaba de forma discriminatoria como en los acuerdos de “Standby”. Aunque al principio estos fondos para África no eran muy elevados, fueron incrementando junto con el elemento de la condicionalidad introducido, lo  que suponía una clara limitación a la política interna de los países.

En la convergencia que se produce a partir de los años 80 se impone el elemento de la condicionalidad en ambas instituciones, se impone por tanto el sistema de los acuerdo standby del FMI mediante la imposición de los planes de ajuste estructural.

Los planes de ajuste estructural estaban diseñados para actuar sectorialmente y con la concepción neoliberal de que estas reformas redundarían automáticamente en la reducción de la pobreza, además se argüía que era necesario aplicar las reformas de forma acelerada para que las élites no pudieran oponer resistencia.

Pero estas recetas de nuevo fracasaron y a finales de los 80 y  principios de los 90 se “amplió la agenda” para introducir correcciones al sistema, principalmente de coordinación de los donantes y de exigencia de reformas políticas. Las condicionalidades son ya de carácter político (gobernabilidad, democracia, transparencia, corrupción, etc.) y no puramente económico. Ante esta situación y ante el final de la Guerra Fría los estados africanos estaban abocados a un callejón sin salida que les impedía oponerse a cualquier exigencia  de estas instituciones.

Pero Howard Stein entiende además que se modificaban los planes primando siempre los intereses de los donantes. Así las estrategias de “empoderamiento” o corresponsabilidad de los estados receptores que suponía una mayor intervención en los procesos de diseño de estrategias, estas seguían siendo adoptadas primando los intereses de los donantes, ya que la propuestas realizadas por los estados receptores de ayuda, luego eran corregidas por los departamentos económicos correspondientes para poder ser aprobados. Además se arrastraban problemas endémicos heredados de las políticas de no-intervención, políticas neoliberales impuestas en en la etapa anterior y que fomentaban la no-presencia o no intervencionismo del estado en todos los ámbitos.

Howard Stein concluye que la crisis de África es el reflejo de la crisis de una agenda cautiva de estrategias y rutinas que tienen poco que ver con el desarrollo de África.

*Comentario al artículo de Howard Stein: "The World Bank and the IMF in Africa: strategy and routine in the generation of a failed agenda" Enero 2004.

 

Última actualización el Lunes, 12 de Septiembre de 2011 18:14  

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